Lo que aprendí enfrentando el miedo a un directorio

Hubo un momento en que presentarme frente a un directorio me paralizaba. No eran las personas — era la responsabilidad de hacerlo bien. Esa sensación de que un solo error iba a definir todo lo que viniera después.
Lo que me destrabó
Lo que cambió fue una idea simple, y me tomó tiempo llegar a ella: del otro lado de esa mesa no había un tribunal perfecto. Había personas. Con sus propios criterios, sus propios días buenos y malos, tratando de tomar la mejor decisión con la información que tenían — igual que yo.
Ahí entendí que todo se trataba de hacerlo lo mejor posible, no de hacerlo perfecto. Son cosas distintas, y solo una de las dos es alcanzable.
Dónde aparece esto hoy
Veo la misma parálisis en quienes acompaño antes de presentar una propuesta, pedir un auspicio o sentarse a negociar una alianza. El nervio no desaparece — pero deja de mandar cuando recuerdas que estás hablando con personas, no midiéndote contra un estándar imposible.