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Desde 2022

Cómo llegamos al primer Acuerdo de Producción Limpia textil de Chile

Equipo de la Cámara Diseña Sustentable junto a representantes de las empresas firmantes, celebrando la firma del Acuerdo de Producción Limpia de economía circular en prendas de vestir

Desde 2021 presido la Cámara Diseña Sustentable, la asociación gremial que impulsa la economía circular en la industria textil chilena. El logro del que más me preguntan es el primer Acuerdo de Producción Limpia (APL) para prendas de vestir del país — así que quiero contar cómo se construyó, no solo que existe.

Qué es un Acuerdo de Producción Limpia

Un APL es un convenio voluntario, de carácter público-privado, entre un sector empresarial completo y los órganos del Estado — coordinado en Chile por la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático, bajo la Ley 20.416. No es una empresa aislada anunciando buenas intenciones: es un sector poniéndose de acuerdo en metas concretas de eficiencia energética, hídrica y valorización de residuos, con verificación externa. Las empresas que cumplen optan al Sello APL, y desde 2012 Naciones Unidas reconoce estos acuerdos como acciones de mitigación climática.

Para la industria textil chilena, eso no existía todavía.

Cómo se armó

Partimos en 2022 con un manifiesto de intención. De ahí se sumaron quince empresas y emprendimientos — entre ellos Falabella, Ripley, H&M y Decathlon junto a marcas más pequeñas como Botella, Confecciones del Lago y Lina Sustentable — con el patrocinio del Ministerio del Medio Ambiente y del Servicio Nacional de Aduanas.

Reunir a competidores directos —cadenas grandes y emprendimientos chicos, todos vendiendo lo mismo— bajo el mismo compromiso de economía circular fue, de lejos, lo más difícil de construir.

Articular a quienes compiten entre sí

La parte difícil de un APL textil no es técnica, es humana: significa sentar en la misma mesa a empresas que compiten por los mismos clientes, y conseguir que todas firmen el mismo compromiso. A eso se suma el sector público, que verifica que el acuerdo se cumpla, y la academia, que aporta la mirada técnica sobre qué metas tienen sentido.

Ahí aprendí algo que hoy es el centro de cómo trabajo las relaciones comerciales: los mejores acuerdos no aparecen cuando alguien cede más que el resto, aparecen cuando cada parte entiende exactamente qué está pidiendo y qué puede ofrecer a cambio. Un acuerdo desbalanceado no se firma, o se firma y no se cumple.

Un rol que sigue hoy

El APL fue el primer gran logro, pero el rol no se agotó ahí: desde la Cámara sigo liderando los proyectos de sostenibilidad que permiten a los socios desarrollarse y escalar en red, no cada uno por su cuenta — la misma lógica de alianzas y relaciones comerciales que aplico con las empresas y negocios que acompaño fuera de la Cámara.